biodiversidad

Biodiversidad

El Seguro de Nuestra Salud

"La nutrición óptima será la medicina del mañana."

Dr. Linus Pauling

La mayor diversidad animal y vegetal se concentra en los países pobres del Sur, que no se encuentran en condiciones de preservarla debido a las dificultades económicas y sociales que enfrentan. Por ello, cada año se pierden miles de especies en todo el mundo. Este hecho resulta alarmante para la salud humana; aunque de entrada la relación entre ambos fenómenos no parezca evidente, no deja de existir: la pérdida de la diversidad se refleja en el aumento de enfermedades en todos los niveles; suelo, planta, animal y hombre. En este sentido, México vive una situación paradójica: por un lado es un país con una de las más altas biodiversidades del planeta –es el cuarto país megadiverso del mundo–, pero, por otro, sus habitantes tienen cada día una alimentación más pobre (menos diversa y de baja calidad). Los mexicanos estamos ya entre los países con mayores problemas de obesidad adulta e infantil, y dependemos, cada vez más, de la importación de productos. A partir de la revolución verde, en la década de los 60, el interés primario ha consistido en incrementar la producción a través de monocultivos. Éstos dependen del suministro de cantidades enormes de agroquímicos (pesticidas, herbicidas, fungicidas, entre otros), que han dejado tras de sí una profunda huella ecológica. Por un lado, estos cultivos afectan la biodiversidad (no sólo porque se destinan grandes extensiones para la generación de un solo producto, sino porque para realizarse, requieren del uso de herbicidas, maquinaria pesada, etcétera), y por otro, han generado un sistema de depredación en manos de unos cuantos. El pequeño agricultor ha sido desplazado a las ciudades, con lo que ha pasado de la pobreza a la miseria. Hoy sólo se mide la ganancia, y la pérdida no se menciona. India producía alrededor de 30 000 variedades de arroz, hoy se cultivan menos de 50. El acervo genético perdido es inmenso. Las acciones de este tipo se justifican siempre con el mismo argumento: “satisfacer el hambre generada por el incremento de la población mundial”. Paradójicamente, aun con las grandes cosechas (cosechamos a nivel mundial más de lo que podemos consumir) y la producción masiva de animales, vemos a los pobre más pobres, despojados de su tierra, pagando más por alimentos de baja calidad, y plagados de enfermedades crónico-degenerativas que sus ancestros no conocieron. Con el advenimiento de la manipulación genética, la cultura y sabiduría agraria milenarias están siendo destruidas. Cuatro o cinco consorcios a nivel mundial buscan el control del alimento a través de la manipulación genética y patentando granos, pescados y mamíferos. Nadie puede medir las consecuencias de tal experimento sobre la salud de todo ser vivo en el planeta. No existe mayor amenaza a la democracia del planeta que el dominio de alimentos en manos de algunos empresarios. Por otro lado, se estima que el alimento promedio que consume el norteamericano reporta tras de sí, al menos 1,500 millas de transporte, y fue cosechado por lo menos una semana antes. Hoy en día, con retardadores de maduración, podemos comer manzanas cosechadas hace seis meses, y cultivadas a miles de kilómetros, bajo efectos atmosféricos y estacionales diferentes al hábitat en el que vivimos. Se ha demostrado que el cultivo que nos provee de una variedad de alimentos (leguminosas, granos, hortalizas, frutales, etcétera) en una superficie dada, es superior, por mucho, en su valor nutritivo y económico que la misma superficie plantada con un monocultivo. No sólo eso: entre mayor diversidad exista en un área cultivada, mayor vida, menos plagas, mayor salud para el suelo, agua, planta, animal y hombre. En el momento en el que animal y hombre sean nutridos de nuevo con alimentos locales y orgánicos, provenientes de suelos fértiles, ricos en nutrientes, podremos comprender las palabras del Dr. Linus Pauling: “la nutrición óptima será la medicina del futuro”. Hoy en día el agricultor y la sociedad se encuentran ante la enorme tarea de cambiar de un paradigma basado en la explotación de la tierra, a uno basado en la cooperación respetuosa y activa con ella. Un paradigma que se centra en la multiplicación de la vida (biodiversidad-salud), lo que permite que la Madre Tierra reteja su matrix herida y pueda convertirse nuevamente en la precursora íntegra de la evolución de todas las especies. La nutrición óptima sólo puede existir si:
  • Limpiamos ríos, lagunas y mares.
  • Cultivamos en tierra fértil, que permita la cosecha de alimentos densos en nutrientes, tanto para animales como para hombres.
  • Rescatamos semillas ancestrales.
  • Prohibimos la siembra de semillas genéticamente manipuladas.
  • Demostramos científicamente que alimentos de calidad son precursores de la salud en todos los niveles: plantas, animales y hombres.
  • Abandonamos los sistemas de subsidio y fortalecemos económicamente los cultivos de calidad, no contaminantes, de pequeños productores.
  • Comerciamos de forma justa para que el campo y sus trabajadores puedan vivir dignamente y contribuyan a sanar la tierra.
  • Rescatamos la diversidad culinaria de nuestros pueblos.
  • Fortalecemos económicamente el campo, para que la gente retorne a él y pueda proveer a las urbes con alimentos sanos.