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¿Porqué la Salud Humana depende de la Salud de la Tierra?

La salud humana depende de la salud de la tierra, y ésta de la educación. Cuando la salud está ausente, la sabiduría no puede revelarse, el arte no se manifiesta, la fuerza no lucha, el bienestar es inútil y la inteligencia no tiene aplicación.

Herófilo de Cos (382-322 a. C.).


“No es solamente la degradación de la naturaleza, sino la degradación de nuestra conciencia de la naturaleza.

Goethe.

Que la naturaleza necesita curación, guarda una proporción directa con la medida en que nuestra conciencia de la naturaleza está enferma. A pesar de su aparente diversidad, la naturaleza posee un principio unificador que se esfuerza por mantener la integridad (que podría entenderse como salud) de todo lo vivo. El ser humano forma parte de un proceso de 4 500 millones de años de evolución, y se encuentra unido de manera íntima con la naturaleza. En la medida en que destruimos nuestro hábitat, ésta pierde diversidad –vida– de manera paulatina, lo que afecta toda la cadena alimenticia, desde la planta hasta el hombre. Al final, la pérdida de diversidad y la acumulación de sustancias tóxicas generan una disminución en la salud de los ecosistemas, lo que tiene repercusiones profundas en la fisiología humana. Se trata de un círculo vicioso.
Nuestra especie, motivada sólo por ganancias económicas, ha aprendido  a ver la tierra sólo como un trozo de materia a la que puede explotar, y no como un organismo vivo. Aislado cada vez más de su hábitat, el hombre intenta someter a la naturaleza por medio de la tecnología (por ejemplo, con el uso de agroquímicos cada vez más sofisticados, o a través de la ingeniería genética, etcétera), lo que pone cada vez más en riesgo no sólo su salud humana, sino la de toda la biósfera. Para restablecer lo destruido, se necesita una educación integral que nos provea de una ciencia que coopere con la naturaleza en vez de confrontarla. Una ciencia que proporcione a la tierra una fertilidad duradera, en la que el ser humano pueda desarrollarse armónicamente. Una ciencia cuyo propósito central sea mejorar la salud de la tierra, y no explotarla. En suma, una ciencia con conciencia que aplique un modelo salutogénico.